La solemnidad de Santa María, Madre de Dios, fue la primera fiesta mariana que se festejó en la Iglesia occidental. María es Madre del Dios vivo encarnado.
Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios; no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien, líbranos de todo peligro, ¡oh siempre Virgen, gloriosa y bendita.
