
Ayer se sintió, más que nunca, lo que significa ser Hermandad. Una Estación de Penitencia llena de emoción, de miradas cómplices, de silencio y de oración… acompañados por la luz del sol que iluminó cada paso de nuestro camino.
Cada paso, cada detalle, cada hermano… hicieron de la jornada algo único. El respeto, la entrega y la fe se hicieron presentes durante todo el recorrido, demostrando una vez más el verdadero sentido de lo que somos.
María Santísima del Rosario nos cubrió con su dulzura, y nuestro Padre Jesús de la Oración en el Huerto nos guió en cada instante, regalándonos momentos que quedarán para siempre en nuestra memoria.
Gracias, de corazón, a todos los que lo hicisteis posible.
Porque esto no se explica… se siente.
